Para alguien con apego ansioso, pequeños cambios en la presencia o en la comunicación
pueden sentirse mucho más intensos de lo que parecen desde fuera.
La respuesta no suele estar únicamente en lo que hace la otra persona, sino también en
cómo el cuerpo y el sistema emocional interpretan esa distancia.
Al principio, todo es intensidad: mensajes constantes, interés, presencia, conexión. La otra persona se implica, se abre, se entrega. Y de pronto… algo cambia.
